Utopías encajadas a la mente soviética

La literatura de ciencia ficción de la URSS impulsaba los planes del gobierno

Iñaki Martínez Azpiroz i Marc Segués Codina

La ficción literaria puede romper las barreras de lo posible. Ya lo hizo Julio Verne en sus libros cuando inventó el submarino o la más discreta cámara que podía sacar instantáneas bajo el agua. En la Unión Soviética de entreguerras, el régimen estalinista expandió la economía industrial, e hizo llegar infraestructuras básicas a todo el territorio. El desarrollo era el horizonte socialista del momento, la encarnación de una potencia mundial era la manera de posicionar la patria roja en el mapa. Las posibilidades se expandían, y el gobierno desplegó una maquinaria de creación cultural y simbólica para legitimar socialmente los cambios acelerados. Había que cohesionar la Unión Soviética, crear el ‘homo sovieticus’. Y las utopías de la literatura cobraron una fuerza destacado.

La ciencia ficción apareció en la literatura mundial a principios el siglo XIX. Se reconoce a Mary Shelley como la autora que abrió ese género, con su Frankenstein. Rusia cogió la mano de esta ficción, con el que se comenzaría a utilizar para transmitir ideas políticas. Al principio, recrearon sociedades con amplias reformas políticas y sociales de aires liberales, aunque pronto se unieron a la deriva nacionalista competitiva que imperó entre las potencias europeas en la segunda mitad del siglo XIX.

La idea de la revolución fue el siguiente paso de los utopistas. Cuando aún faltaba una década para el año revolucionario de 1917, Alexander Bogdanov describió en la obra Estrella roja un planeta Marte comunista, como un alegato del futuro que llegaría a Rusia.

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Portada de Estrella Roja, de Alexander Bogdánov.
Fuente: El Biblionauta

La URSS se estableció tras la revolución de octubre, la guerra civil que le siguió, y los problemas económicos y humanitarios de principios de los años veinte. Tras ello, el nuevo régimen cerró las aspiraciones democráticas de la izquierda libertaria. Y desde las políticas propagandísticas se creó un entramado de censura para impulsar una nueva cultura soviética. El ‘homo soviéticus’. Y el inicio de la etapa de Stalin hizo de la revolución un Dios redentor totalitario.

Ilustración de Lenin en un mosaico de azulejos. Artista: Kurchatov. Fuente: Piqsels

«Las posibilidades del pueblo ruso, la devoción y el sacrificio, el progreso de la unión»: Alekséi Tolstoi abanderó los literatos oficialistas soviéticos de la ciencia ficción. En su Aelita redescubre -otra vez- a los marcianos. En él, una sociedad oprimida se demostrará capaz de organizar una revolución del proletariado. Stalin ponía la mano, y Tolstoi el imaginario: la revolución comunista no tenía límites, era posible incluso en Marte.

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Portada de Aelita, de Alekséi Tolstoi. Fuente: Archive.org

La creación de entramados clandestinos para publicar libros críticos

La censura, empero, fue dura con las publicaciones que no seguían los objetivos gubernamentales. Evgueni Zamiatin no pudo publicar en su Rusia natal. En el libro Nosotros, reflejó una sociedad encapsulada en un cubo casi infranqueable, y con edificios transparentes. Zamiatin había sido partidario de la revolución, pero, tras la guerra civil que acabó en 1922, la deriva totalitaria del gobierno lo convirtió en un opositor crítico: el estado limitaba la conducta de las personas, e intentaba entrar en todos los aspectos de la vida.

La URSS no abrió las ventanas de la libre publicación hasta las reformas de Gorbachov. Aunque hubo etapas más laxas que otras, muchos autores críticos tuvieron que crear entramados clandestinos para publicar sus libros de ficción. Repensar el futuro podía servir para extrañar el presente y crear un espíritu crítico.

Los literatos cambiaron

La temática de la literatura de ciencia ficción fue cambiando. En los sesenta, los futuros recreados eran más cercanos en el tiempo. La URSS ya se había desarrollado, y los cambios tenían que ser pequeños: «Ya estaban en el futuro». En los setenta, empero, se transmitieron ideas antidesarrollistas: la posibilidad de una guerra nuclear con EEUU era real, y ello derivó a la exaltación de la vida.

Con todo, la ficción, combinada con el presente, sirvió a muchos para trabajar en favor de un objetivo común. Vlodimir Savchenko fue un escritor ucraniano de ciencia ficción. Murió en enero de hace 15 años. En Probando la verdad creó un personaje humano mimetizado con una substancia inteligente superior: acababa generando fenómenos naturales imposibles de entender. Desconocido en occidente, fue un referente de toda una generación de ingenieros soviéticos que querían imaginar nuevos límites de la física.

El mayor logro de la etapa estalinista fue culminar la transición del zarismo hacia la economía industrializada. Y es aquí cuando la ciencia ficción tuvo mayor influencia en la URSS. Los trabajadores tenían que asumir la presión estatal, integrarlo en una cultura del bien superior. El ‘homo soviéticus’. Las personas ya conocían la distopía -el presente macabro-, pero éste se escondió tras la pantalla de los futuros ficticios de brillantez.

Para ampliar información: http://blog.vero4ka.info/blog/2018/06/22/historia-de-ciencia-ficcion-rusa/ https://cultura.nexos.com.mx/?p=14316

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