Donald Trump: el tercer «impeachment» de Estados Unidos

JAVIER CASTILLO I BRUNO FORTEA

Donald Trump es el tercer presidente en la historia de los Estados Unidos que se enfrenta a un proceso de «impeachment». Se trata del único mecanismo mediante el cual puede ser destituido un jefe del Estado en los sistemas presidencialistas. A diferencia de lo que ocurre en España, el Congreso estadounidense no puede forzar el cese de Trump retirándole el apoyo parlamentario porque, allí, el presidente accede al cargo a través de una elección directa de la ciudadanía. Su legitimidad no depende de la confianza del parlamento, sino de haber ganado unas elecciones.

Así pues, los requisitos para poder destituir a un presidente también serán más específicos. Concretamente, un «impeachment» solo puede ponerse en marcha si hay indicios de que el presidente ha cometido durante el ejercicio de su cargo alguno de los delitos de «traición, soborno, o otros crímenes y malas prácticas». Para probar la existencia de alguno de estos cargos, la Cámara de Representantes activa un juicio político que, si prospera con una mayoría simple, pasa al Senado, donde debe ser validado por dos tercios.

Un magistrado del Tribunal Supremo modera el juicio político, el presidente del gobierno es la parte acusada y la Cámara de Representantes asume el rol de acusación. Dentro de este esquema, los senadores deben escuchar los argumentos de ambas partes y los relatos de los testigos y, en consecuencia, actuar a modo de jurado «imparcial» para decidir si los delitos han quedado probados y el presidente debe ser cesado.

La ‘trama ucraniana’ sienta a Trump en el banquillo de los acusados

En este «impeachment», Trump está acusado de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso. La filtración de una llamada telefónica donde pide al presidente ucraniano, Volodimír Zelenski, que investigue por corrupción a su rival político Joe Biden abrió el melón del juicio político. Para los demócratas, este hecho fue la gota que colmó el vaso de un mandato marcado por la controversia y decidieron iniciar una investigación en el Congreso. Trump se negó a colaborar con ella, motivo por el cual también está acusado de obstrucción.

El juicio político ya ha llegado al Senado, donde se está celebrando la primera fase de alegaciones iniciales, que debe servir para fijar las normas y el calendario del «impeachment». Por el momento, se ha constituido el tribunal encabezado por el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts. Por otra parte, la Cámara de Representantes ha designado a siete congresistas demócratas que harán de «fiscales», mientras Trump también ha nombrado a un equipo de abogados para que lo defiendan durante el pleito.

Nunca ha prosperado un «impeachment»

En toda la historia de los Estados Unidos, ningún presidente ha sido destituido de su cargo a través de un juicio político. Hubo dos intentos y los dos fracasaron. El primero fue en 1868, cuando el demócrata Andrew Johnson estuvo a un solo voto de ser destituido como máximo dirigente del país norteamericano. El segundo tuvo lugar 130 años después, cuando Bill Clinton fue juzgado por perjurio ante un gran jurado y obstrucción de la justicia.

Andrew Johnson, cuando los demócratas eran los republicanos

Hubo una época en la que los republicanos eran los que defendían posturas más progresistas y en la que los demócratas eran los conservadores. En aquel momento, el demócrata Andrew Johnson era vicepresidente. Pero el asesinato de Abraham Lincoln en 1865 lo convirtió en el decimoséptimo presidente de los Estados Unidos. Johnson se enfrentó a los republicanos porque se negaba a otorgar derechos a los esclavos liberados y, además, tenía una posición distinta a sus rivales políticos respecto a la reconstrucción de los estados del Sur.

Los republicanos respondieron aprobando la Ley de Tenencia de la Oficina. Esta medida limitaba la capacidad de Johnson a la hora de diseñar su gobierno, ya que obligaba a que tanto los nombramientos como los despidos del presidente fueran aprobados por el Senado. Sin embargo, Johnson desobedeció la ley y despidió al secretario de guerra Edwin Stanton, un cargo próximo a los republicanos y crítico con el gobierno.

Esta acción sirvió de pretexto para que los republicanos aprobaran en el Congreso el inicio del proceso de destitución del presidente. Una vez en el Senado, el resultado fue de 19 a favor de declararlo inocente frente 35 de declararlo culpable. Pero, dado que el «impeachment» debe ser aprobado por 2/3 de la cámara, Johnson siguió como presidente estadounidense por tan solo un único voto.

Bill Clinton, un segundo juicio político 130 años después

Bill Clinton fue el segundo presidente estadounidense sometido a un juicio político 130 años después del «impeachment» a Andrew Johnson. Todo comenzó con la denuncia presentada por Paula Jones contra el demócrata por abuso sexual. Clinton y Jones acordaron no ir a juicio, pero la causa desató una investigación sobre la relación que el presidente había tenido con la trabajadora de la Casa Blanca Monica Lewinsky.

El Congreso aprobó juzgar al dirigente norteamericano por haber mentido ante un jurado y por haber pedido a Lewinsky que también lo hiciera. En la cámara alta, 45 senadores votaron a favor de su destitución por perjurio ante un gran jurado y 50 apoyaron apartar al mandatario por obstrucción a la justicia. Ningún miembro del Partido Demócrata votó en contra de su presidente. Clinton fue absuelto.

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