“El objetivo no es tanto político como de solidaridad”

El lunes 21 de octubre un grupo de estudiantes se encerraron por la noche en la universidad Pompeu Fabra con la intención de paralizar las actividades académicas. Al día siguiente los campus de Ciutadella, Poble Nou y el campus Mar amanecieron con sus accesos ocupados impidiendo la entrada al resto de jóvenes que pretendía ir a clase con normalidad. Según los estudiantes encerrados la premisa era no dejar entrar a la gente, pero sin utilizar la violencia. “Si alguien se empeñaba en entrar lo dejaríamos”. Pero en el campus de Ciutadella se personificaron miembros del sindicato de estudiantes constitucionalistas S’ha Acabat!, que en una exhibición de músculo se enfrentaron verbalmente con los piquetes y acabaron saltando las vallas de la universidad «los miembros de S’ha Acabat defienden ir a clase, pero de una forma violenta” aseguraba una de las estudiantes encerradas en la universidad.  Pero los estudiantes aguantaron hasta el final y la universidad permaneció cerrada. 

En los días previos a la ocupación de los campus se anunció en las redes sociales y dentro de la universidad la convocatoria de una asamblea por parte del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC) a la que estaba todo el mundo invitado a participar y en la que se decidiría si se cerraba la universidad o no. Unas 50 personas asistieron y llegaron a la conclusión de que la universidad debía cerrarse. Acto seguido se crearon comisiones de organización necesarias para llevar a cabo este tipo de actuaciones: organización, suministros de comida y un discurso ideológico que les permitiese establecer unos objetivos máximos y mínimos para negociar con el rectorado.

El objetivo de los manifestantes era que se suspendiesen las clases para que los estudiantes pudiesen asistir a las manifestaciones, así como para poder negociar unas condiciones de evaluación que no les perjudicasen. Pero mientras los estudiantes estaban haciendo piquetes el SEPC negoció una evaluación única que culminó con un comunicado del Rector Jaume Casals que logró desconvocar la huelga, pero que no dejó contento a todos los estudiantes, ya que el rectorado dejaba las condiciones de la aplicación en manos del profesorado lo cual supondría que dependiendo del profesor se respetaría más o menos lo pactado. Así mismo, según los estudiantes afectados se tenía que haber tenido en cuenta que carreras como periodismo se basan en gran medida en clases prácticas que dificultan la posibilidad de una evaluación única

Otra de las demandas de los estudiantes era “un posicionamiento del rector y de una universidad que es pública”. Uno de los motivos principales por el que los estudiantes se manifestaban era por “las compañeras y compañeros detenidos” que alcanzan ya la treintena. “En un principio las protestas eran contra la sentencia, luego contra las cargas policiales, pero ahora el objetivo ya no es tanto político como de solidaridad con nuestros compañeros detenidos”. Han sido varios los detenidos que han denunciado situaciones anómalas como pasar 14 horas sin poder hablar con un abogado “si yo estuviese en el lugar de alguno de los detenidos me gustaría que la universidad se posicionase” 

Es curioso que los que piden libertad para asistir a las clases critiquen la libertad para poder asistir a las movilizaciones. Lo que está pasando en Cataluña está preocupando a muchos jóvenes y no solo independentistas. La razón obvia es que un movimiento pacífico como el independentista, que ha estado dispuesto a forzar los límites de la política ha visto cómo sus líderes acababan en prisión. Esto supone un riesgo ante todo aquel que en un futuro pretenda desafiar de manera pacífica al estado. El alumnado de la Pompeu no destaca por su activismo político ni por su apoyo al independentismo, por varios motivos. Son muchos los alumnos que vienen de fuera de la región y los que son de aquí no suelen tener demasiado tiempo para el activismo por culpa de un sistema académico exigente. Aunque, eso no impide que algunos jóvenes se sientan atraídos por cuestiones sociales y políticas, incluido el movimiento independentista, Y que demuestren su descontento ante unos hechos tan significativos que lo extraño sería que el ámbito universitario se mantuviese al margen.

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