El dilema moral de un corresponsal de guerra

¿Mirar o actuar, ayudar o grabar?

Marta Bieto

El cronista bélico es la figura que da voz a todas aquellas personas que no la tienen, a veces opacada por los gobiernos, regímenes incompatibles con la libertad de expresión u otras por la fría mirada de occidente. A pesar de poner en riesgo su vida en busca de una transparencia periodística, se encaminan hacia el frente exterior para promover la información internacional. Esa misma, la que según el magnate de los medios Rupert Murdoch, no vende (Lenguineche, 33). Siempre sin esperar estar en primera página, porque nunca hay muertos suficientes en una guerra para obtener tal honor. Aun así, muchos siguen luchando para que llegue al público una información fiable, contextualizada y honesta. 

“La primera baja cuando llega la guerra es la verdad”. Estas fueron las palabras pronunciadas por el senador estadounidense Hiram Johnson en 1917, durante la Primera Guerra Mundial. Cuando el corresponsal de guerra no ejercía sus funciones como ahora. Cumplían con los intereses de los bandos participantes en el conflicto, vistos como simples aparatos de propaganda bajo el control informativo de los militares y la censura de los medios por los que trabajaban. Pero la Guerra de Vietnam marcó un antes y un después en la historia del periodismo. Los medios no callaron ante “la inevitable derrota en un conflicto sin salida y sus consecuencias, con miles de bajas entre los soldados americanos y un coste económico inabarcable» (Lenguineche, 32). Esto resultó como un “absurdo y sinsentido” para la opinión pública, que acabó rechazando la continuidad de la guerra a partir de manifestaciones y protestas. Y no menos importante, en la liberación del oficio periodístico.

Pero no todo son heroísmos, muchos corresponsales han perdido su vida en el intento de cumplir con su profesión. Suman 2.649 los periodistas asesinados en el mundo en lo que va desde 1990 hasta 2019, según datos de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Siendo 2004, 2006 y 2007 los años más críticos, con 129, 155 y 135 muertes por año, respectivamente. Todos ellos, meros transmisores de información cuyo objetivo cumplen como el auténtico norte de su vida. Por esto mismo, muchos no asumen otros riesgos que el que ya están asumiendo, ir a una zona de conflicto a documentar lo que ocurre. Los cuatro pasos clave que no puede olvidar un corresponsal de guerra los da Rosa Meneses, reportera del diario El Mundo. A sus espaldas lleva la guerra del Líbano, la revolución tunecina y los conflictos de Siria y Libia. “Ir, ver, contar y volver”. Cuatro máximas para no correr riesgos.

Pero, pongamos por caso una situación de peligro. Un compañero es herido de gravedad. Más concretamente, cuando se está desangrando después de que un tanque estadounidense abra fuego hacia un hotel de Bagdad donde comparte alojamiento la prensa internacional. En el manual de seguridad para periodistas en zonas de riesgo publicado en 2015 por Reporteros Sin Fronteras se recoge que un corresponsal de guerra debe “tener conocimientos de primeros auxilios, no para uno mismo, sino para socorrer a un compañero”. Un debate ético que confronta la profesión y la moralidad. 

¿Qué impera entonces? Ante los ojos del conjunto de periodistas que vislumbraba la fatídica situación el 8 de abril de 2003, fue su ética periodística la que prevaleció, por encima de la personal. Ahí estaban José Couso (37 años), corresponsal de Telecinco y el cámara ucraniano Taras Protsyuk (35 años) de la agencia Reuters. Ambos perdieron la vida ese día. 

José Couso, E.M. (2003)

Un periodista muerto no cuenta una noticia. Esta era una de las premisas que se planteaba en las jornadas de corresponsales de guerra Al pie del cañón: información de conflictos en la era digital. La Primavera Árabe organizadas por la revista digital M’sur en la Fundación Tres Culturas de Sevilla. No obstante, las víctimas siguen siendo el punto de mira de los cámaras de guerra. Así lo pudo comprobar Jon Sistiaga a comienzos de la Guerra de Irak, cuando su compañero de profesión y de medio fue alcanzado por el tanque que fijó las coordenadas hacia el Hotel Palestina, declarado ‘posible objetivo militar’ 48 horas antes (Jar Couselo, 272). Relataba Sistiaga en su libro Ninguna guerra se parece a otra como la mayoría entraba grabando la escena. Y sigue, “Normal. Yo hubiera hecho lo mismo. Los periodistas tenemos un fuerte instinto de curiosidad”.

Me fijé que en la recepción del hotel estaban todos los periodistas que habían salido huyendo de sus habitaciones y que muchos de ellos llevaban cámaras. Miré la cara ensangrentada de José, su barbilla destrozada y quise ahorrar esa imagen a su familia. Le tapé el rostro con la sábana y le dije que íbamos a salir del hotel, que había muchas cámaras grabando y no quería que lo filmarán.

Sistiaga, 2004: 336-337

Los periodistas son la voz de lo que está pasando. Pero muchas veces, la población civil que está en zonas de conflicto necesita algo más que héroes de la información.

The Terror of War, Nick Ut (1972)

Un ejemplo es el caso de ‘The Terror of War’. Fotografía ganadora de un Premio Pulitzer en 1973, capturada por el periodista Huynh Cong Ut (Nick Ut) de la agencia Associated Press en la carretera 1 de Trang Bang (Vietnam).  La imagen muestra la huida de unos niños que dejan atrás su aldea, recién bombardeada con napalm por la aviación survietnamita el 8 de junio de 1972, los horrores de la guerra. 

Kim Phuc, la niña que aparece desnuda, sufría muy graves quemaduras. Tras capturar el momento, Cong la llevó a un hospital, “donde pudo salvar la vida”. (Linde, 24)

Quien no tuvo tanta suerte fue Omaira Sánchez.

Omaira fotografiada por Frank Fournier, ganó el World Press Photo en 1985.

Y no se pudo hacer nada?… ¿Por qué no la sacaron?”, se preguntaba Evaristo Canete, uno de los grandes reporteros gráficos de Radiotelevisión Española (RTVE) (Lenguineche, 231). Han pasado casi 35 años de la tragedia natural de aquel 6 de noviembre de 1985, cuando la ciudad de Armero (Colombia) quedaba sepultada bajo la erupción del volcán Nevado del Ruiz, que acabó con la vida de 26.000 personas. Entre ellas, la de Omaira. Una niña de trece años que quedó atrapada entre el barro y los escombros de su casa. Después de setenta horas de terrible agonía, murió delante de las cámaras de televisión, encendidas desde el primer instante. 

Un miembro de Defensa Civil la había descubierto al amanecer […] Él fue quien nos llamó al vernos grabar cerca de allí. […] ¿Son ustedes de prensa? No es a la prensa a quien necesitamos, miren. Con un gesto nos señaló a la niña que nos observaba esperanzada. La cámara, como es normal, ya estaba grabando desde que el joven nos requirió.

Evaristo Canete, 2010: 231

El periodista, entonces, ¿ha de prestar auxilio o ha de transmitir la información, abstrayéndose de la realidad? 

REFERENCIAS:

JAR COUSELO, Gonzalo (2007) La protección de los periodistas en caso de conflicto armado.

LENGUINECHE, Manuel y SÁNCHEZ, Gervasio (eds.) (2002) Los ojos de la guerra.

LENGUINECHE, Manuel y MARTÍN, Aurelio (2010) Seguiremos informando.

LINDE NAVAS, Antonio (2007) El periodista moral. Dilemas de la información y la comunicación.

SISTIAGA, Jon (2004) Ninguna guerra se parece a otra.

Read more

Tenir una entrada VIP a un món creat pel diable

JAVIER RODRÍGUEZ (@javiour94) i BERNARDO FACTA (@bfacta)

Descarrega’t l’article en PDF

Informar en temps de guerra és l’últim col·loqui organitzat per Ruta 451, un grup universitari de formació crítica. David Meseguer i Nicolás Valle, que han cobert conflictes d’arreu del món, han explicat la part més emocional de la seva feina i les seves dificultats.

“No m’acostumo al desordre, a veure ciutats com Sarajevo sense aigua, llum ni persones per culpa de l’assetjament. Tampoc a veure mares baixant de la muntanya amb el seu fill als braços, mort; o veure les cares de la gent quan veu que el seu poble ha estat arrasat”. És el que respon Nicolás Valle, periodista d’Internacional de TV3, quan li pregunten sobre l’experiència més dura. La professió, però, va més enllà del que es viu en zona de guerra i és la tornada a la
vida occidental l’altra gran repte a què s’ha d’enfrontar un corresponsal.

“És difícil fer vida normal donat que no et sents útil i has de conviure amb preocupacions estúpides com el mal joc del Barça”, explica Valle. A la complexitat psicològica del treball també s’hi suma la família, la gran patidora segons David Meseguer, periodista independent. Patiment que, a vegades, decideixen no olerar; Valle va perdre la seva parella i els seus fills. “Tinc companys que acaben sent periodistes 3D: depressive (‘depressius’), drunk (‘borratxos’) i divorced (‘divorciats’)”.

Un altre aspecte que han de saber gestionar els corresponsals de guerra és la relació amb les fonts, especialment amb els civils. “Amb algunes mantinc el contacte, ja que és important que no pensin que només els volies per a fer la peça”, destaca Meseguer. Per la seva banda, Valle narra que els civils li transmeten un missatge d’agraïment, encara que sembli que els pugui estar molestant entre tant patiment. La relació amb aquest tipus de fonts garanteix una cobertura més plural del conflicte, que juntament amb l’honestedat i la independència del poder són factors cabdals. Ambdós periodistes destaquen que mai han rebut consignes del seu mitjà pel que fa a l’enfocament; de fet, Valle alerta que les pressions procedeixen de les xarxes socials, sobretot de Twitter, on s’ha acusat TV3 d’antisemitisme o d’enaltiment del terrorisme.

A l’altre costat estan els periodistes incrustats, experiència que Valle va viure a l’Afganistan: “informativament no va ser profitós perquè vaig firmar que
no faria fotografies o redactaria coses compromeses, però personalment em va ajudar a conèixer una altra manera de treballar”.

El boom del freelance

Tot i estar vivint situacions inimaginables dins el nostre dia a dia, el corresponsal no pot oblidar que està fent una feina com qualsevol altre treballador. Ara bé, com és comprensible, les condicions que es donen en un front de batalla són molt diferents de les que podem trobar a un lloc de treball comú. La seguretat del periodista és un punt clau d’aquest ofici.

Read more

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies