Energía nuclear: ¿el fracaso del siglo XX?

YOHANA GONÇALVES, SERGI PERALTA Y ARIANA RUIZ

Chernóbil, fatídico icono de lo nuclear por antonomasia, vuelve a ser tendencia—y no precisamente porque instagramers varios acudan a fotografiarse al lugar como si de un escenario idílico se tratase— de la mano de la miniserie de HBO creada por el estadounidense Craig Mazin.

El accidente nuclear más célebre reabre un debate que siempre estuvo latente: Nucleares? No, gracias —como rezaba el emblema creado por la danesa Anne Lund en 1975 que así se tradujo en España— o, por el contrario, ¿este baile de neutrones y protones cuenta con una faceta más beneficiosa de lo que se pretende hacer creer desde diferentes sectores?

Primeramente, conviene establecer en qué consiste el citado modelo energético. Según afirma el Consejo de Seguridad Nuclear, la energía nuclear <<es la energía contenida en el núcleo de un átomo. Los átomos son las partículas más pequeñas en que se puede dividirse un elemento químico manteniendo sus propiedades. En el núcleo de cada átomo hay dos tipos de partículas (neutrones y protones) que se mantienen unidas. La energía nuclear es la energía que mantiene unidos neutrones y protones>>.

Problemas desde el inicio

En la década de 1950 se pensó que la energía nuclear podría ofrecer un futuro mejor con una energía más barata y abundante para que disminuyera el coste de la electricidad y sustituyera los combustibles fósiles. Sin embargo, estas buenas intenciones también llevaban consigo una serie de complicaciones que, hasta ahora, no se han podido resolver.

Según Marcel Coderch —ingeniero experto en energía y presidente de la Autoritat Catalana de la Competència— «después de 50 años del inicio de la energía nuclear, no se ha encontrado una solución ideal para contrarrestar los problemas principales de esta fuente». Un total de cuatro problemas hacen que la apuesta por el modelo nuclear, según afirma Coderch, no sea rentable y, hasta ahora, no se ha encontrado ningún reactor capaz de dar una solución completa. Los costes, la seguridad, la proliferación militar y los residuos hacen que la posible ‘solución del futuro’ haya terminado una batalla perdida.

Existen una serie de debates que definen a la energía nuclear como un acto condenado, como, por ejemplo, en el caso de China; pero aún siguen existiendo otros países que se enfocan en una diferente opinión: sustitución de esta energía por alguna otra.

El fin de la energía nuclear

El estudio The Future of Nuclear Power, realizado en 2003, concluyó que la inversión en energía nuclear “solo se justificaría si contribuyera significativamente a reducir el cambio climático”. Esta, sin embargo, no parece una opción realista, pues ningún diseño de reactor ha sido capaz de evitar los cuatro grandes problemas mencionados. 

En 1974, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) auguró que en el siglo XX se generarían hasta 5300 GW de energía nuclear. La realidad dista mucho de las previsiones: únicamente se producen 350 GW (un 10’15% del consumo eléctrico, un 2% de la energía mundial). 

El presidente de la Autoritat Catalana de la Competència Marcel Coderch se muestra claro, conciso y contundente con el diagnóstico: “la energía nuclear es el fracaso económico y tecnológico del siglo XX”. ¿Su predicción? En 50 años ya no habrá ningún reactor nuclear.

Esto presagia un negro futuro para el sector energético catalán. El 50% de la electricidad que se consume es generada por las centrales nucleares de Ascó y Vandellós. “¿Nos ponemos a trabajar para cuando tengamos que cerrar estas centrales?”, se pregunta Coderch. Y es que está previsto que, de cara a 2035, se clausure toda producción de energía nuclear en España.

¿Cuál es el futuro de este modelo?

El doctor en geografía Sergi Saladié lo tiene claro: un futuro basado de forma exclusivamente en energías renovables es posible. Experto en el impacto de las centrales eólicas, pone el ejemplo de la isla danesa de Samsø, “la isla de las energías renovables”.

Saladié menciona que el plan sería también aplicable en Cataluña y La Llacuna —municipio de la provincia de Barcelona— es muestra de ello. Con la venta de la electricidad producida por un molino de viento, el Ayuntamiento paga la factura municipal de electricidad, que incluye equipamiento y alumbrado público. 

Coderch no es tan optimista. “Sustituirlo por nuevas es inviable de momento”. El ingeniero también tiene dudas sobre el eventual cierre de las centrales nucleares:

En el gobierno español, por su parte, también reina la incertidumbre. Se ha implantado la voluntad de desnuclearizar el país, pero aún no se ha elaborado ninguna ley para combatir el cambio climático. El informe de la comisión de expertos, tal como recogió El Periódico, considera “la energía nuclear un elemento clave en el sistema energético de las próximas décadas”. Existe una voluntad, pero no un plan real. 

Contraria a todas estas opiniones, la asociación Jóvenes Nucleares, cuyo objetivo es difundir los conocimientos sobre este tipo de energía, integrada en la Sociedad Nuclear Española, ve en las nucleares un futuro brillante. Basándose en el informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), concluyen una serie de puntos:

  • Hay que impulsar las energías renovables al máximo.
  • Mantener e impulsar la tecnología nuclear mientras sea necesaria para mitigar las emisiones de CO2.
  • Abandonar los combustibles fósiles lo antes posible.

También critican la «injustificable» restricción de 40 años de la vida útil de las centrales nucleares españolas y advierten que «renunciar a los beneficios de la generación nuclear por posicionamientos meramente ideológicos o partidistas puede comprometer seriamente el cumplimiento de los objetivos medioambientales marcados para paliar los efectos que el cambio climático está ya provocando en el planeta».

«Si no se extiende la vida operativa del parque nuclear, su contribución será sustituida por el gas natural. […] El cierre anticipado de las centrales nucleares supondría un incremento de costes de generación y un incremento de las emisiones de CO2.

Daniel Gallego, coordinador de Jóvenes Nucleares en Cataluña

La no reproducción, ¿una solución?

«Tener más de dos hijos es egoísta e irresponsable» afirmaba el biólogo de la Universidad de Standford Paul R. Ehrlich, en una entrevista en El País, ilustrando las externalidades de la superpoblación. Coderch comparte esta tesis y va más allá: no solo hay un exceso demográfico, sino que debería desincentivarse el consumo.

“Si  quisiéramos realmente empezar a frenar un poco el consumo, únicamente haría falta una ley, de un artículo, de una línea, muy sencillo: la publicidad es delito de incitación al consumo».

«Los estudios dicen que para tener un nivel de vida como el actual, a nivel mundial,  no puede haber más de dos o tres millones de personas. Hoy ya somos siete mil», sostiene Coderch. En esta línea, considera que la situación es un problema de sencilla solución: «si de cada dos, solo tenemos un hijo, en una generación ya habremos dividido entre dos la población mundial», ya que «matemáticamente es un problema muy fácil de resolver».

“Las soluciones individuales son muy loables […], pero testimoniales, y yo creo que, o bien este problema se enfrenta dentro de las estructuras políticas y sociales de verdad […] con algunas restricciones, o todos los esfuerzos que podamos hacer a nivel individual […] son insuficientes”

Coderch cita como ejemplo de ejercicios individuales sostenibles la acción que ha llevado a cabo Greta Thunberg, que acudió a la Cumbre del Clima en el catamarán La Vagabonde a fin de, según la activista sueca, evitar la contaminación. La expedición no estuvo exenta de debate: desde la asociación de Talavera de la Reina, que ofrecía al burro Platerito a modo de medio de transporte a la activista, hasta aquellos que han aludido al diésel que, según parece, empleaba el tren del que también se sirvió para personarse en el encuentro climático.

A propósito del mañana

Desde Jóvenes nucleares, afirman que en ninguno de los escenarios contemplables «parece que la energía nuclear vaya a perder fuerza en el mix energético global en el horizonte de 2040». Coderch, por contra, pronostica una nula proyección al sector. Como dijo Nikola Tesla, «dejemos que el futuro diga la verdad».

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